Contra reloj. Apenas un mes y medio. Treinta propuestas para escribir un perfil.
Escojo a una bailarina. No pude estudiar ballet. Durante mi vida estudiantil lo intenté, siempre pasaba algo que lo impedía. Cuando tuve tiempo, no abrieron inscripciones. Cuando abrieron no tuve tiempo. Horarios que coincidían con otras clases. Academias que estaban lejos de mi casa. Pasó el tiempo. Me ocupé en otras actividades. ¡Esta es mi oportunidad! Bailar a través de otra persona. Entender cómo se siente.
Tecleó Tecleo en Google: Luisa Camacho Riaño. Como una alfombra que se desenrolla de arriba a abajo, salen hipervínculos despavoridos. Slash. Intérprete de danza contemporánea. Slash. Coreógrafa. Slash. Docente de Corporación Cenda y Escuela de Artes Guerrero. Slash. Directora de la Compañía De Use-Me. Slash. Coordinadora del proyecto Entre Fibras. Pienso. Dificultad de tiempo para un diálogo. Agenda apretada. Le escribo un e-mail. Larga espera. Imagino que entrena. Le llamo por teléfono. Llamada sin contestar. Debe de estar en reunión. Pertenece a «L’Explose Danza». Le escribo un mensaje al WhatsApp. Me deja en azul. Le envío un mensaje de voz. No me responde. Supongo clase de acondicionamiento físico. Le insisto. Le llamo. Al otro lado del celular, con voz amigable y juvenil, Luisa Fernanda acepta generosa. ¡Hay que moverse! ¡Viva el arte cinético!
Le gusta su nombre. Dependiendo del grado de confianza con los otros, la llaman, Lis, Lui, Lu, Luz, Luchi, La Lupe. Tiene pocos amigos, aunque conoce a mucha gente. España, México, Ecuador, Cuba, Brasil, Perú, Venezuela, sitios donde ha estampado el esplendor de su arte.
Me quito los zapatos antes de entrar en su casa. Un piso de caucho negro de alto rendimiento me da la bienvenida. Un espejo largo rectangular enmarcado en madera cuelga en una de las paredes. Un parlante mediano se esconde como un duendecillo misterioso en una esquina. La sala está habilitada para dar clases.
Se apropia del espacio vestida con un atuendo cómodo, camiseta sin mangas, descalza. Nos sentamos en el piso. Cambia de posición varias veces. Sentada agarrándose las rodillas. Sentada con las piernas cruzadas. Con amabilidad dice que la danza contemporánea es una mezcla holística de movimientos; no hay ritmo, técnica, ni música definidas. Estudió danza en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital de Bogotá. Investigué acerca de este tipo de danza. Lo característico es la libertad de expresión, de movimientos, sin las barreras de lo tradicional. Se basa en transmitir sentimientos y vivencias.
Revisa una pequeña libreta de notas donde tiene apuntado su itinerario. Tenemos las horas de la mañana para conversar. La llaman al celular. Se excusa y contesta. Es una señora que viene en camino para limpiar. En estos momentos no tiene tiempo. A las dos de la tarde tiene clase. Le abre la puerta. La conduce a la cocina. Le da instrucciones. La deja en la faena. Vuelve a mí.
Le digo: ¡Necesito verte bailar!
Y me invita a quedarme en la clase.
El cuerpo
Durante la sesión, Luisa instruye a las participantes para realizar ejercicios de calentamiento. Es un matiz. Diferentes edades, ocupaciones, intereses. Estudiantes de danza, de arte, profesoras de primaria, actrices de teatro. Llegan animadas. Se quitan los zapatos en el ritual de la entrada. Se despojan de todo peso, dejan bolso, morral en un vestíbulo. Usan ropa holgada para facilitar la práctica. Empiezo anotar en mi agenda. Pero pienso. ¿Cómo escribir el cuerpo? ¿Tenemos un cuerpo? ¿Somos un cuerpo? Espero que Luisa me de pistas.
Le leo. Fragmento parafraseado. Profesora estadounidense Diane Aldis «Sin importar el estilo, una danza siempre empieza y termina en el cuerpo del bailarín. Solamente el cuerpo viviente en movimiento para ser arte» Espabila sus ojos marrones claros, Luisa explica: Lo primero es reconocer nuestro cuerpo. Es el material de la danza. Por eso es importante calentar el cuerpo para resistir, para armonizar. Entiendo. ¡Cualquiera puede bailar!, por eso están aquí. Anhelantes.
Hace un ejercicio: acostada boca arriba, se voltea boca abajo, se sostiene con los brazos, luego alza y extiende el brazo y la pierna derechas, se encoge en posición fetal, abre sus brazos, se levanta, hace como una reverencia. Más de veinte años dedicados a la actividad dancística, le otorgaron un cuerpo esbelto, una musculatura definida. Pesa sesenta kilos. Le gusta comer. Mide 1.65 cm. Entrena con frecuencia.
Sigue con la explicación: Para crear conciencia del movimiento del cuerpo, hay que conocer cómo se mueve. Identificar los movimientos orgánicos, dice mientras se sienta con las piernas inclinadas hacia adelante. Lleva una dieta normal. Nada de excesos. Si el cuerpo le pide descanso, le hace caso. Si tiene que tomar vitaminas, las toma. Tiene treinta y siete años.
No concibe vivir sin moverse.
Y si es así, se me ocurre preguntarle: ¿Cómo lo haría una persona en sillas de ruedas?
──No lo he pensado.
¡Menos mal que le pregunté esto! Uno nunca sabe qué puede ocurrir. Le recordé a la exreina de belleza Señorita Colombia Daniela Álvarez, que le imputaron amputaron una pierna debido a una isquemia. Y a la atleta Yady Vanessa Fernández Bravo, quien que de la pasión del futbol cambió al ciclismo, tras perder una pierna en un accidente. No sé. Pienso en un caso más complejo. La reto a responder, cómo vive la movilidad una persona con cuadro parapléjico, por ejemplo.
Frunce el ceño, opina: Me aterra esa idea. En esos casos, las personas tienen que reinventarse. Expresar su poca movilidad de otra forma. Moverse no solo es danzar, es girar, es caminar. La manera en que respiras. El movimiento de tu cara. ¡Uf, es complejo! ───se despeina ─── La naturaleza del cuerpo es moverse, si estás impedido, aunque sea mueve los ojos.
El rostro de Luisa no ha cambiado mucho desde que era una niña, aseguran sus amigos. Lo corroboro con una foto que tiene en la red social Facebook. Lleva todavía el cabello largo, castaño oscuro y ondulado. Sus cejas son escasas, las pestañas rectas, los labios finos. Su piel blanca resalta como un lienzo moviente cuando está en el escenario. No usa muchos accesorios. Una piel lozana y un cuerpo saludable, no necesita nada más. Su juventud, su mejor adorno.
El discurso
¿Cómo se puede adaptar una idea a la danza? O sea: de la idea al movimiento. Con razón es un arte. ¿Todo se podrá expresar? Regreso a mi indagación previa: fragmento de Ollora Triana. «Existen dos momentos. Primero, la creación del mensaje con la intención del coreógrafo a través de la coreografía. Segundo, la puesta en marcha de la idea por medio del canal (movimientos del cuerpo del bailarín) y otros elementos como, escenografía, música y vestuario. Es cuando el coreógrafo (primer emisor) ya ha realizado su función. En ese momento es el bailarín (segundo emisor) quien tiene la responsabilidad, la destreza y la acción de mostrar la obra».
Luisa resume: Es lo que se quiere decir frente al movimiento del cuerpo. La idea. El concepto puede tener un elemento multimedia. Aquí hay libertad para trasmitir lo que siente, vive y percibe el creador para adaptarlo al lenguaje de la danza. En este sentido, el discurso comunica emociones, hechos, temas, sentimientos, memorias. Mi mensaje permanente es aprender. Estoy abierta al cambio. Al mundo que veo.
—Una película sobre mi vida se titularía «Luisa, mujer que ama». La premisa sería «Navegar en estado de alerta». El amor en general es el subtexto de mi historia. Es el amor que ganó al dolor, a los vacíos del alma. Si hay amor en tu interior todo fluye más fácil. Me amo. Amo a mi familia, mi mamá, mi padrastro, mi hermana, mi hermano y mis sobrinos. Amo a mis amigos, a mis aprendices. Pensar en el apoyo y el cariño que me brindan me alienta a seguir. ¡Soy privilegiada de tenerlos!
Dos ejemplos en su vida: su mamá Luz Marina, madre soltera. Sacó adelante a sus hijos. Tuvo muchos trabajos. Admira además a la maestra de danza Olga Cruz.
Se contenta si le festejan su cumpleaños cada veintinueve de julio. No tiene preferencias con ningún tipo de regalo. Un par de medias la hacen feliz. Valora las experiencias. Una invitación a viajar, a comer, a ir al cine o al teatro. Eso le demuestra mucho amor. Que alguien le regale tiempo, significa que le importa.
Cree que sí se puede vivir de la pasión, pero con mucho esfuerzo. Considera que hacen falta clases de emprendimiento en las universidades para gerenciar proyectos culturales. Para los artistas en general, es difícil surgir en un contexto precario; vivir en un país del tercer mundo, unos gobernantes que no apoyan lo suficiente al arte para una estabilidad económica. Y para colmo en esta realidad, ser mujer.
El espacio
Una cualidad del arte. Luisa lo atiborra con movimientos. Las alumnas le siguen. Suena música de jazz. Me dan ganas de bailar. Veo. Anoto. Admiro. Muevo mis manos al compás de la melodía.
Para la profesora Aldis, el cuerpo se mueve en un espacio. Este elemento interfiere en la danza según el tamaño, el nivel, la localización, la dirección, la orientación, las líneas y la relación de los participantes.
Luisa concuerda con Aldis. Precisa que en esta dimensión también se incluye el tiempo o la duración de la danza.
Vivió veinticuatro años en la localidad de Usme, Bogotá, donde todavía viven sus padres y sus hermanos. Está orgullosa de ser del sur de la ciudad, allí pasó su infancia y adolescencia. Usme es su mamá, su familia. Recuerda unas montañas muy lindas donde iba a pasear cuando era una niña.
No le gusta tener muchos ornamentos en la casa. Cree que son innecesarios. En la sala de ensayos solo hay lo elemental. Al fondo, un balcón largo y ancho con vista para la calle cubre todo un tramo. Una puerta corrediza de vidrio lo separa de la sala, una puerta corrediza de vidrio los separa. De esquina a esquina de la puerta de vidrio cuelga en semicírculo, una guirnalda de papel con colores pasteles. Afuera del balcón, varios tiestos con unas pequeñas plantas de sol. El techo es de madera clara. Hay buena acústica.
—Si te concedieran tener un poder, ¿cuál sería?
—¿Uno solo? Déjame pensar bien. Listo. Aunque hago múltiples y diferentes giros, saltos en las coreografías, me fascinaría volar. Amo el espacio. Sería genial expandirme en un vuelo. ¡Qué sensación tan fenomenal!
Luisa me cuenta detalles de su nacimiento. Su mamá estaba embarazada y vivía en Bogotá, de repente tuvo que viajar a Gambita, Santander, porque el abuelo había muerto. Al llegar le dieron los dolores de parto y, como es era un pueblo, la asistió una partera. Después de varias horas, la señora le da la nalgada triunfal y dice: es una niña. Ese fue el último parto que atendió. Una semana después, falleció.
—Me gusta vivir en Bogotá. Me gusta el clima. Me gusta la gente. Me gusta el ambiente. Es la capital, obvio que se mueve lo cultural. Ahora, si me dan la oportunidad de trabajar en otro país en lo que me gusta hacer, lo haría.
La técnica
La danza contemporánea, tiene su base en pasos del ballet clásico. Luisa mueve sus manos en forma circular para reforzar que existen varias técnicas desde que Isadora Duncan, la precursora de esta tendencia, rompió paradigmas. Dicen que se enfocó en lo emocional, con movimientos fluidos similares a los de la naturaleza. No sabía que había tantas. Nombró la de Cunningham, Graham, Limón. Cada una con una historia. Anoto la que me dice Luisa.
—Implemento la técnica de piso, con movimientos orgánicos para generar movimientos danzarios. Tengo influencia de Omar Camun, un bailarín mexicano. Además, soy multiplicadora de los sistemas de entrenamiento Piso Móvil, Continuum y Entonhus. La biomecánica del movimiento del cuerpo humano es tan extensa que abre un abanico de posibilidades expresivas.
Luisa mezcla. Hace saltos, giros, volteretas, flexiones, extensiones, rotaciones, pasos iniciados desde el piso.
La Danza también es mi técnica para ser feliz. Me ayudó a sanar una adolescencia difícil. -—Sus ojos brillan, su voz suena triste, baja de volumen──. Sufrí mucho, los jóvenes de estratos bajos no tienen tantas oportunidades de surgir. Por muchos años esto me hizo sentir muy mal. Me tocó duro. Pasé adversidades económicas, no nos alcanzaba el dinero en casa. Vendí tinto. Vendí cervezas. Fui mesonera. Fui vendedora en almacenes. Aunque gané la beca de Jóvenes Talentos, tuve que trabajar y estudiar. Esforzarnos y luchar para poder terminar una carrera universitaria, en medio de una situación económica de escasos recursos, de un hogar disfuncional, es una realidad de muchos jóvenes.
» En mi oscuridad, desconcierto, desánimo y vacío, la danza llegó a mí, como un hilito de luz, por medio de un profesor del Colegio Don Bosco II. Tenía catorce años. Encontré en el baile una forma de conocerme, de amarme y de exteriorizar mi esencia. Desde entonces me acompaña como un dulce refugio.
En eso de sanar cosas del pasado, estoy. Es un proceso, como todo en la vida. Nunca se deja de aprender. Así es en la danza. Nuevas tendencias. Pasos nuevos. Innovación».
A Luisa le pasó como a Adriana Miranda, bailarina de la compañía Ázoe Danza de Cali: «Sentía muchas cosas cuando estaba adolescente, era muy callada, pero a la vez me reía mucho, hasta que me empecé a preguntar: ¿por qué estoy triste?, ¿por qué estoy feliz? Y ahí me di cuenta de que la danza era mi modo de expresión, allí podía tener mi terapia de felicidad y de tristeza, y no me iba contra nadie, sino contra mí misma y me ayudó mucho a poder sacar mi interior».
El lenguaje
Lo comparo con las películas: todos entienden el tema. A algunos les gusta el final, a otros les desagrada. Unos entienden algo, otros lo contario. Unos no pierden ni un minuto de su atención. Otros se quedan dormidos.
Ana Inés Lázzaro en el artículo «La Danza Teatral Contemporánea como fenómeno de comunicación social» del 2010, concreta que el lenguaje de la danza es efímero, inasible, inestable, se desvanece conforme va apareciendo. Esto permite al espectador decodificar el mensaje desde diferentes lecturas.
Con los avances de la tecnología, la robótica penetra en campos impensados, desplaza a trabajadores. En este sentido, Luisa: ¿Cómo sería un robot bailarín con inteligencia artificial? Mece los brazos hacia atrás, me responde sin dejar de sonreír: Puede que reemplace muchas profesiones y oficios ──-niega con la cabeza──, en el campo del arte, un robot puede utilizar la técnica y producir resultados. Lo diferente es que no puede provocar en el espectador las emociones que solo los humanos somos capaces de expresar. Esa dicha es de nosotros, la especie creadora. En la danza, por ejemplo, puede que se mueva hasta más rápido, sin embargo, los movimientos son el resultado de su naturaleza, mecánicos, inflexibles. Faltaría la expresividad, la gestualidad, la espontaneidad. Lo haría. ¿Pero dónde encontraríamos el goce de la belleza?
De niña disfrutaba del anime Sailor Moon y la serie colombiana Leche. Ahora ve series de televisión. No le gustan las novelas. Momo es su libro favorito, novela que habla del valorar el tiempo y saberlo aprovechar, los hombres grises dicen que el tiempo es oro, pero Momo cree que el tiempo es vida.
Las ideas de las coreografías las saca de la realidad que vive a través de los sentidos, las experiencias y la percepción del mundo que la rodea.
—Abstraigo esa realidad en imágenes y por medio de la actividad creativa las transformo en movimientos. La secuencia de estos, hacen la danza. Así hice con la obra Muscidaes: me vino la comparación de la fealdad de la mujer con una mosca. ¿No te has puesto a pensar porque no te gusta una mosca? A pesar de ser negra, ruidosa y fastidiosa, es un ser vivo. ¿A quién le hace daño? Es la sociedad que la etiqueta de mala o buena. Igual sucede con la mujer.
De la convivencia con un amigo venezolano que quedó atrapado en pandemia cerca de su residencia supo las desavenencias de los inmigrantes. Esas vivencias las adaptó en una idea. La obra la tituló: Movimiento Perpetuo. Proyecto ganador de la Beca de Creación en Danza del Ministerio de Cultura «Cuerpos Resilientes, obras que aportan a la reconstrucción de Memoria y Paz». Emocionada explica que ésta coreografía representa al cuerpo del migrante o desplazado, un cuerpo desnudo de su territorio, vestido en otras tierras.
La música
Apaga la música. Hacen los pasos. Prende la música. Hacen la secuencia. Creo: sin música deben concentrarse más. No estoy segura. ¿El ritmo va por dentro? Paso la hoja de la agenda para escribir.
Luisa dice que la música puede o no estar presente en la danza, depende de la necesidad del discurso. Sin creación no hay transformación.
Les explica una rutina de pasos en el piso. La hace primero para que la vean y luego ellas la repiten. Dibujo en mi agenda una muñequita con líneas. Trato de copiar los pasos. Intento fallido. Rompo la hoja. Mejor escribo. Me siento cansada, solo de verlas. Me gusta bailar, pero no sé hacerlo con todos los ritmos, algunos se me hacen más fáciles. Le pregunto, como un gaje del oficio, qué baila en un festejo.
—De todo, desde cumbia, merengue, lo que salga. Disfruto mucho la salsa cubana. No me importa el ritmo, ni el tipo de música, si lo sé bailar o no, con tal de moverme. De hecho, me inicié aprendiendo danza folclórica de Colombia.
¿El performance de Shakira y de Chayanne?: Tienen una apuesta en escena en cuanto al baile, con movimientos más convencionales. Ellos se deben a lo comercial, de allí su popularidad. La danza contemporánea es más expresiva.
Ya llevo varias hojas en la agenda. Hago una flecha en lo de Shakira y Chayanne y escribo: El baile en las presentaciones de ellos es un complemento, en lo de la danza moderna es el protagonista.
A pesar de los retos, Luisa resiste, sueña, crea, gira, salta, baila. Tiene más proyectos que recuerdos. Cree en una Colombia que apoye más arte. Considera que la danza, la literatura, la pintura, la fotografía, el arte en general, no deben ser materia de relleno en las instituciones educativas. Realizar sus planes, propiciar espacios para la danza y poder volar —literal— son algunos de sus sueños.
No es la reina del arroz con pollo. Le fascina el ajiaco. Lleva dos años con en una relación amorosa. Dice que se respetan, se aman. Cada uno tiene sus propios programas, en un punto se encuentran. Le recomiendo leer Los Hombres son de Marte, las Mujeres son de Venus de John Gray. Le parece interesante. Quiere tener hijos algún día. Por ahora vive con su mascota, su perro Tanec, que significa danza en eslovaco.
A final de cada año prepara un entrenamiento titulado Inmersivo y Creativo, del proyecto Entre Fibras. Le gusta hacerlo tipo campamento en un pueblo, lejos de la turbulencia citadina. Hay clases para todos. Tres niveles, principiante, intermedio y avanzado.
Cuando las alumnas se cansan, Luisa les dice: ¡Vamos disfruten, esto es como un juego, jugar a crear!
Termina la clase.
Ella agotada. Libre. Feliz. Yo, complacida.
Acabo con los apuntes. Paro de grabar sonidos. Luisa es bailarina, puede interpretar emociones y sentimientos en una coreografía, pero es el espectador quien los reinterpreta, le da significación. Esto ocurre cuando nos asombramos, cuando sentimos empatía, cuando hacemos memoria. Emociones entrecruzadas. La sala de ensayo se invadió de alegría, de gratitud. Aplaudimos.
Las alumnas se acomodan. Se ponen sus zapatos. Se despiden.
No puedo creer que estuve en esta clase. Le pongo nombre: Danza del dolor y la alegría.
